Un viaje muy esperado.

Después de 25 años conseguimos vernos en Argentina. Desde Salta hasta Ushuaia, un viaje de 30000 km en 10 días.

¡¡El vuelo sale del otro aeropuerto!!

La llegada a Buenos Aires fue gloriosa. Según aterrizamos nos fuimos al barrio de San Telmo a comer en un local mágico. Parecía la parte trasera de un estudio de Hollywood lleno de atrezzo. Esculturas griegas, coches de fórmula 1 de la época de Fangio… 

Por la noche Asado, por supuesto. Amigos, vino, empanadas hechas por un salteño. Fue tan especial la cena que nos equivocamos de aeropuerto y perdimos el vuelto que teníamos a la mañana siguiente.

3 días en Salta. Empanadas, mini bus y hojas de coca y bica!

Aunque perdimos el vuelo conseguimos llegar a tiempo para la cena. Teníamos una reserva en un restaurante situado en una colina desde la que se veía todo Salta iluminada.

A las 7:00 nos recogía el mini bus para dar comienzo a lo que serían tres días de paisajes increíbles, siempre flanqueados por los Andes, pueblecitos entrañables y copiosas comidas.

La primera parada fue en la garganta del diablo. Lo que más me impresionó fue una tortilla con queso que nos hicieron en una cabaña hecha de piedras y madera. Dentro tenían una piedra plana sobre una fogata a lo que llamaban cocina. Sobre esa piedra caliente cocinaron las mejores tortillas con queso que comimos en todo el viaje.
 

La Montaña de 7 colores.

4500 metros de altitud y hoja de coca y bica para el mal de altura.

Según íbamos subiendo a la Montaña nos íbamos midiendo el nivel de oxígeno en sangre como si fuera un juego. El día anterior ya nos habíamos abastecido  de hoja de coca para el mal de altura. Durante todo el camino íbamos encontrando montañas con siete colores pero lo suyo era subir hasta la se encontraba a 4500 metros de altitud para ver como actuaba sobre nuestro cuerpo la falta de oxígeno y la hoja de coca. Cuando llegamos, tres valientes del grupo bajaron una cuesta, bastante inclinada, que bajaba la gente para luego probarse al volver a subirla. Muchos tenían que parar a mitad de subida durante minutos para recuperarse, nuestros valientes no. El mal de altura se puede empezar a notar cuando empiezas a bajar. De 4500 bajamos a comer a 3000 metros. En principio todos estábamos bien comimos opíparamente y a un compañero le dio por ponerse fino del licor de la tierra aduciendo que era el remedio local para el mal de altura. Le sentó fatal y liberó todo el mal que pueda hacer el mal de altura a esa altitud. Vomitos, jaqueca, mareos…

¡¡EL FARO DEL FIN DEL MUNDO!!

Tras una parada de dos días en Buenos Aires, con fieston incluido, volamos al fin del mundo. Ushuaia.

La imaginación se desborda. La primera vuelta al mundo. El estrecho de Magallanes y el canal de Beagle. El faro del fin del mundo y el Parque Nacional de Tierra de Fuego. Las Focas, la isla de los Pingüinos. El último paso antes del Polo Sur y la estafeta de correos del fin del mundo. No suena mágico?! Para nosotros sí.

Las vistas desde el avión al acercarnos al aeropuerto fueron impresionantes. Glaciares, canales, lagos y unas montañas picudas oscuras, casi negras, coronadas de nieve y que nacían muy cerca de mar.

Centolla Austral, Canal de Beagle y Naturaleza salvaje.

Nos acercamos al puerto de Ushuaia donde se encontraban los barcos de recreo para turistas  y algún que otro barco destinado a expediciones al Polo Sur. Cogimos un crucero  por el Canal de Beagle. El Faro del fin del mundo, la isla de los pingüinos, algunos peñones con focas. Una travesía de cuatro horas por el mar rodeados de montañas nevadas y fauna salvaje. Fue una experiencia que te une mas con la naturaleza y te entristece viendo el camino de destrucción que ha tomado el ser humano.

Esa noche teníamos reserva en un restaurante con influencias de cocina europea. Pero nosotros lo teníamos claro, Centolla, merluza negra...productos de la zona. La centolla nos sorprendió porque, lo que aquí llamamos "el carro", estaba vacío. Solo se comía la carne de las patas.  La merluza negra es lo que los japoneses llaman Guindara o Black cod. Una textura laminada parecida a la del bacalao pero menos fibrosa, siempre jugosa.

ESE MUNDO, CADA VEZ MÁS PEQUEÑO.

Nos conocimos hace treinta años trabajando en el País Vasco. El restaurante estaba formado por un crisol de nacionalidades. Era un placer trabajar con cocineros de culturas gastronómicas tan diferentes. No hacíamos más que aprender y aprender. Y crear unos lazos emocionales que sobrepasaban las fronteras. Pero claro,  el mundo era muy diferente. Todos llevábamos nuestras libretitas para apuntar los números de teléfono. Te comunicabas con tu familia por carta. Hasta hablar por teléfono era caro, no todos nos lo podíamos permitir. Y viajar fuera de españa para muchos de nosotros era una quimera. Recuerdo el día que despedía al loco argentino en el aeropuerto de madrid. Se me partió el corazón porque pensé que no volveríamos a vernos. Era difícil que la vida nos volviera a juntar. Pero por suerte el mundo cambió. Mejor conectividad a partir del 2008 y más barata. El precio de los vuelos y los viajes bajaron. Cada vez cobras más y tienes más tiempo libre. Et Voilà, rebrotó la amistad. Que nunca se perdió, porque otro de nosotros que era más viajón, se fue dos años a vivir a Buenos Aires e iba casi todos los años.

En fin, 30 años después pareciera que el mundo haya encogido. Los 20000 km de ir y volver, y los 10000 km que hicimos dentro de Argentina hace que en 10 días hiciéramos las 3/4 partes de la circunferencia de la Tierra por el ecuador. Si Julio Verne levantara la cabeza!!

Paris bien vale una cena.

¿Es tan caro comer en Paris?

La primera vez que pasamos por Paris fue de camino a Ámsterdam en el año 2002. Estábamos tan pelados que no podíamos comer en ningún restaurante. Comprábamos algunos quesos, unas ensaladas preparadas, pan, unas cervezas y nos los comíamos debajo de la Torre Eiffel, en la plaza de la catedral de Notre Dame o en los jardines de Las Tullerias. La siguiente fue para la noche vieja del 2010. Esa vez fundimos la tarjeta de crédito. Dormimos cerca del barrio latino. Conocimos Le marmitón de Lutece, restaurante del barrio latino con un menú de 20 € con su sopa de cebolla y su solomillo pero sin bebida. Así conocimos el  Beaujolais Nouveau.  Acabo convirtiéndose en una tradición hasta el 2025. También descubrimos la cocina vietnamita en el restaurante Saveurs d’Asie esquina con el boulevard San Germán. Esos rollitos Nem, la ensalada de papaya verde, y la sopa Tom yum. El Cari Bo y nuestro favorito, el Bo Bum. Y la joya de la corona. En año nuevo fuimos a cenar a La Table de Joël Robuchon. De aquellas tenía dos estrellas michelin. Nos dimos cuenta nada más sentarnos  que no eran dos estrellas al estilo de España. La distancia entre las mesas no era ni de un metro, y en el centro de la sala había un jamón ibérico cortado en forma de U. Parece ser que en Francia siguen valorando más lo que se come, que como y donde se come. Como los hosteleros andaban en guerra con el gobierno no te cobraban los impuestos, que en Francia por comer en un sitio de lujo son muy altos. No como en España que el I.V.A. por comer en un restaurante de lujo es el 10% y el de los productos de higiene femeninos o el teatro es el 21%. Eso nos pasa por no haberle cortado la cabeza a ningún rey. Con todo esto el menú degustación nos salía un 25% más barato por lo que decidimos regarlo con un Châteauneuf-du-Pape Telegraphe delicioso. Ya hace muchos años y los recuerdos se difuminan pero nunca olvidare el huevo mollet con caviar, crema agria y salmón ahumado. La súper sabrosa codorniz, con el puré de patatas con firma, que había hecho tantas veces. Y al japonés que teníamos sentados al lado, que no paraba de eructar el muy cerdo.
Como somos unos locos del ciclismo, a partir del 2015 decidimos ir todos los años a ver la llegada del tour a Paris. Ahí fue cuándo empezamos a conocer lo que nos interesaba de la ciudad a fondo. Cada año durmiendo en un barrio diferente. La Bastilla, le Marais, les Grands Boulevards, la Ópera, el Louvre, la Rue Rivoli...
Pasar tres o cuatro días al año en Paris en mágico. Un par de años al Louvre, otro año al museo D’orsay. El museo medieval de Cluny. La exposición de Tutankamom. La Conciergerie y la Saint Chapelle. Pasear por el Pėre-Lachaise y cambiar de sitio una rosa para ponerla en el memorial de los muertos republicanos en la guerra civil española. Sena para arriba Sena para abajo. Torre Eiffel, arco del triunfo, Grand y Pettit Palace. La Madeleine, La Opera y las galerías Lafayette. El Café Des deux Moulins, un poquito de Montmartre y el barrio Latino.
Con El Paso de los años fuimos descubriendo los Vietnamitas, dome comes por 20 €. O los Falafel, Pastrami y dulces del barrio judío donde comes por otros 20. Los cientos de locales de comida asiática para llevar. Y los Bouillon, las Brasseries y los Bistrós. Excelentes restaurantes calidad/precio, en los que puedes comer bien desde 20 a 80 euros, dependiendo de la calidad de local.
Todo esto me hace pensar que los tópicos son como el apéndice, no sirve para nada pero puede afectar a tu vida. 

EN PARIS NO ES CARO COMER.

Gran Bretaña y el meal deal.

Ese año asesoraba un restaurante en Londres y con el gusanillo de lo británico decidimos realizar el viaje en el tiempo y el espacio que llevamos años imaginando.

Bath. los romanos y la salchicha perfecta.

EN CONSTRUCCIÓN…

Bristol, bansky y el primer barco de metal.

EN CONSTRUCCIÓN…

Cardiff. Romanos, normandos y la Segunda Guerra Mundial.

EN CONSTRUCCIÓN…

Un día en Liverpool. The Beatles.

EN CONSTRUCCIÓN…

Edimburgo, Rosslyn chapel y el muro de Adriano.

EN CONSTRUCCIÓN…

Las abadías parecían consumidas por las llamas del infierno.

EN CONSTRUCCIÓN…

Bristol, Glasgow, sus museos y Dalí.

EN CONSTRUCCIÓN…

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