¡¡BECADAS PARA TODOS!!

BECADAS PARA TODOS!!!

Que semana tan bonita. Empezamos en Paris y acabamos en Donostia. Pero a medio camino, tras un sin fin de paté croûte, confits y Champagne, nos dirigimos a nuestros queridos Pirineos. A nuestro entrañable pueblecito de 11 habitantes, que desde hace mas de 25 años nos a servido como refugio de este atosigante mundo. Recibíamos la visita de muchos amigos. Pero había un visitante especial para nosotros. Seguramente, de todos nuestros maestros, al que más respetamos. Lechón no dudó. -¡¡Tenemos que hacer unas becadas!!   Mucho cocinero, mucha estrella Michelin, pero ninguno habíamos cocinado nunca una becada. Fue un momento mágico. Nos pusimos alrededor de una mesa, cada uno nuestro cubo. Igual que hace 30 años cuando nos conocimos y desespinábamos el bacalao para las bodas. O cuando deshuesábamos las manitas de cerdo y las rellenábamos con la farsa de cebolleta y trufa. Como disfrutábamos de sentir el genero en las manos. Nos pegábamos por abrir un pescado, hacer una salsa o emplatar en el servicio. ¡¡Queríamos aprenderlo todo!!

Pues eso, 30 años después, no nos hacia falta haber cocinado alguna becada. Teníamos muy claro lo que íbamos a hacer.                                                                                  Primero hicimos una de las pechugas en tataki con salsa Ponzu y cebolleta. Después rellenamos el resto de las pechugas con un paté de sus vísceras y las albardamos con tocino ibérico. Lo pusimos sobre un choucroute express y lo acompañamos con la cabeza, el cuello y un crujiente de maíz con el paté. Para terminar, teníamos que hacer un arroz. Su caldito de los huesos. Una salmorreta potenciada con orejones, ciruelas y piñones. Una picada con parte de sus hígados. Esas cositas que hacen de cocinar algo especial.                             Que más decir, el postre lo puso uno de los mejores obradores de Cataluña, nuestro hermano. Los quesos los trajo un erudito de la cocina. Y una cantante de jazz hizo una performance de cada uno de los quesos. Unos magnums de vinos argentinos, que tuvieron que pasar por Madrid y Paris para llegar a un pueblecito de los Pirineos. Y sobre todo la generosidad incondicional del Cocinero de la Montaña y su equipo que nos hacen sentir mejor que en casa. También tuvimos la despedida de un hermano que se iba a hacer las américas. ¡¡Suerte loco!!

TAMBORRADA 2026.4

Tamborrada. 2 días en Donosti 3 kg de más.

En Donosti otra vez.  Hay ciudades del mundo en las que te sientes como en casa y San Sebastián es una de ellas. Para algunos de nosotros fue donde aprendimos a soñar que podíamos hospedarnos en el Hotel Londres, comer en grandes casas o viajar por todo el mundo. Nos enseñó a disfrutar de la sidra, el bacalao y la Txuleta. Y forjar amistades inmunes al paso del tiempo y la distancia. Para otros es donde formaron sus familias y desarrollaron su cocina, para suerte de sus clientes y alumnos.                         Esta vez fue para la Tamborrada. Nuestra primera Tamborrada fue la del 97. Acabamos el servicio en Martin y sin cambiarnos nos fuimos a Donosti. Acabo de darme cuenta de que ese día estuvimos más de 24 horas seguidas vestidos de cocineros y sin descansar, claro. En esta ocasión iba a ser diferente. Iba a ser un desenfreno de comida y bebida de 10 a 6 de la tarde. Lo de cenar se ha vuelto muy duro. El Señor Butifarra venía en coche desde Cataluña y empezó la jornada haciendo una paradita en Lasarte, Bar Epel, para comerse un par de pinchos de oreja. Parece muy simple. Oreja cocida con ajo, guindilla, laurel, pimienta negra, clavo, sal e igual un chorrito de vino blanco. Olla express y ya está. Pero el caso es que cuando te lo metes en la boca el contraste de la baguette crujiente, con la particular textura de la oreja y el cartílago bien tierno. Según vas masticando el efecto retro nasal hace que aparezcan todos los ingredientes uno detrás de otro. Es un bocado de 50 segundos, es brutal. Martin no paró hasta que consiguió la receta y durante muchos años a formado parte de muchos de sus platos.  Por mi parte, según llegué a Donostia satisfice una deuda que tenia del viaje anterior, comer más hamburguesa de Txuleta y pinchos de foie. Sobre las 13:30 quedamos con el Señor Fuet y el Señor Sobrasada para seguir con el ritual en el restaurante Aldanondo. Lo habíamos intentado en los dos últimos viajes, pero no pudo ser. Está vez teníamos reservado hasta el Bogavante. Empezamos con unas alcachofas a la parrilla albardadas con tocino y unas coquetitas de jamón. Unas almejitas super finas y un guiso de morro con su pure de patata. Y ahí estaba, el bogavante a la parrilla con bilbaína de mantequilla. ¡Bilbaína de mantequilla! ¡Que finolis! En todos los sitios buenos se aprende algo bueno. Y para terminar la Txuletita con sus, papas, piquillo y lechuga de caserío. Felices. Esa noche fuimos buenos y no cenamos. Después de tener toda la noche a miles tamborileros y otros tantos de trompeteros velando nuestro sueño, al día siguiente nos esperaba un pintxo de tortilla y un bocata de pollo empanado en Juantxo, antes de ir a comer en Ana Mari. 

ANA MARI. OTRO COCINERO LOCO DE LA FAMILIA.

Está empezando a ser una tradición, si pasamos por Donosti hay que ir a Ana Mari. Desde hace algunos años el sheriff del restaurante es Assier corazón de dragón. Le conocimos en sus primeras batallas cocíneles y ya era un guerrero de la cocina. Con el querer saberlo todo como lema, a trabajado en las grandes casas que creía necesarias para llegar a ser quien es hoy día. Un super-cocinero con el corazón mas grande que una olla basculante. Y encima, el restaurante es bomba. Empezamos con una interpretación del Pastel de Cabracho y el Talo de Txistorra, junto con unas anchoas limpiadas a mano y las mejores croquetas de jamón que habíamos comido en mucho tiempo. Terminamos los aperitivos con la Royal de Foie con gelatina de jugo de carne y cognac. Habíamos acabado con los vermuts y ya teníamos una botella de sidra, una de rosado y otra de blanco para afrontar los primeros platos de la jornada. Una locura de arroz con almejas. Unas Kokotxas a la romana sin harina. El guiso de Centolla a la Donostiarra con aire de hinojo y huevas de Trucha. Y el solitario Carabinero a la parrilla, que el pobrecico no necesita nada mas para ser perfecto. Llego la hora de la verdad y se presenta ante nosotros una hermosa rodaja de piña junto a un Rodaballo de 1,5 kg a la parrilla con su Bilbaína emulsionada. ¡¡No te digo nada!! Textura perfecta, sabor a mar y brasas, la Bilbaína sedosa...Al final resulto que la hermosa rodaja de piña era un pure de patata montado con Aceite de Oliva Virgen Extra. ¡Hay que ponerse las gafas! Y por fin nuestra gran amiga. Uff. La Txuleta, con sus patatas fritas. Su ensalada de lechuga de caserío y su Pimientos de Piquillo jantreados. Ademas de esta gran comida tuvimos la suerte de poner trufa a todos los platos que quisimos, porque el Señor Butifarra había traído 3 trufotes dignos de oler. Los budistas tienen razón, el nirvana existe. Hay que sumar a la ecuación que ese día recuperamos a un hermano que habíamos perdido hace muchos años. Ongi etorri Lezama.

CUCHARAZO.

Todo empezó en Andalucía.

Ya habíamos estado en Paris en marzo, pero este año tocaba sesión doble, así que teníamos que aprovecharlo. Empezábamos en Sevilla. Paseíto por la plaza de España, la Torre del oro y la catedral. Y el primer avituallamiento, Mollete de Pringá y Solomillo al whisky en la Bodega santa cruz las columnas. Como faltaba el Sr. Longaniça, que llegaba en avión, nos fuimos a la piscina del hotel a tomar unos cócteles mientras llegaba.  Cuando llegamos a la Chicota tapas ya no había cocina caliente y nos tuvimos que comer todo lo que tenían frío. Ensaladilla de Gambas, Papas aliñas, Huevas aliñas, lomo, jamón, quesos...con muchas macetas, vasos de sidra, de Cruzcampo congeladas. Pocas horas después ya estábamos en el puente de Triana para tomar unas tapitas en la calle Betis. Pescaito frito, algún tomate aliñao. Salmorejito y un poco de carne mechada. Lo justo para empezar las vacaciones sin pasar hambre.

Beduino. Cádiz, arte puro.

Al día siguiente cogimos el coche más grande que pudimos y nos bajamos al Puerto de Santa María. Un poquito de piscina y nos acercamos al restaurante de un amigo en Cádiz. Lo primero que nos cayó nos encantó. Pan rústico tostado a la parrilla, medios tomates, aceite de oliva virgen extra y una cabeza de ajos asados para untar. Salivo solo de pensarlo. Una ensaladilla con mahonesa de mariscos, súper fina y sabrosa. El Pescaito muy bueno, pero la espina frita era una locura. Separando con los dedos el pescado pegado a la espina, uff, madre mía. Un guisito de Cazón y Calamar con Papa. Un arroz seco de vieira, gamba y alcachofas. Una carrillera, que se deshacía con dos cucharas. Y un poquito Secreto ibérico a baja temperatura acabado en el Josper para terminar lo salado. Y menos mal, porque era el segundo día del viaje ya se iba notando las digestiones complicadas.

Angelito. Pasión por la Mar.

Avanzada la tarde al Señor Butifarra se le ocurrió que pasáramos por la Taberna del chef del mar a ver el local. Pero era una trampa. No íbamos a cenar, pero claro, ya que estábamos allí había que probar alguna cosa. A regañadientes acabamos entrando, y cometí la osadía  de mandarle a Ángel una foto en su local. ¡¡Error!! De repente, el camarero nos dice que ya tiene nuestra comanda. Se la había mandado Ángel. Fue horrible. Empezamos con unas Navajitas. Pani Puri con Aguachile y Lubina cruda. Las croquetas de Choco. La tosta de sardina con berenjena. Los embutidos de pescado. La ensaladilla con un pilpil de pescadilla y Plancton. El guiso de calamar y la Parpatana de Atún con alcaparras. En fin, todo buenísimo, pero cuando no tienes hambre se hace un poco duro.

25 años disfrutando del Bar Vicente.

A la mañana siguiente a desayunar al Bar Los Pepes o, el Bar Vicente, como lo conoce todo el mundo. Esta pegado al Mercado de abastos. Tiene unos techos muy altos y está decorado con carteles de corridas históricas y anuncios de licores. Sobre las 10 de la mañana la luz que entra por las cristaleras crea una atmósfera mágica. Que aumenta cuando te traen el Mollete de Jamón con tomate y los huevos fritos con bacón. Una cerveza congelada y un poquito de queso Payoyo para remata el número de magia.  Correr que llegamos tarde. Nuestro amigo, el Beduino, nos había conseguido una visita guiada en la Bodega Gutiérrez Colosia.
Una caminata interminable de 800 metros y a empezar de nuevo. Nos enseñaron los procesos del vino desde el Fino, amontillado, oloroso, palo cortado, moscatel, hasta el Pedro Jiménez. Con su cata y aperitivo correspondiente. Y como nos quedaba un huequillo nos fuimos a comer con el Beduino. Bar El Pescaito, super finos, cocinan con todo el cariño del mundo. Alguna cigalita que otra, boquerones en adobo. Su picadillo de tomate y unas huevas de chocos increíbles. ¡¡Que textura!!
Después de algún Gyn & Tonic nos acercamos a A Poniente. Habíamos quedado con Ángel para que nos enseñara el local. Además, nos quería enseñar su nuevo proyecto. Para un 3 estrella michelín el entorno siempre fue importante, pero lo que va a hacer Ángel es otro nivel.
Antes de pasar a la sala del restaurante atravesaras una pasarela que te llevara a unas plataformas de madera sobre unos esteros. Donde habrá pescadores cogiendo los diferentes pescados y mariscos que comerás en los diferentes puntos de la plataforma. Matarán el pescado delante tuyo o no, dependerá del cliente, y lo cocinaran para ti. Habrá un recorrido y la cena acabará en la sala. ¡¡Va a ser único!!

 

Después de un par de botellas de champan nos metimos en Ultramarinos La Giralda. El Jamón y la Caña de Lomo con su pan con tomate. La papada curada y las anchoas. Los quesos y los vinos de la tierra. Ya empezábamos a no hacer la digestión entre comidas.
Pasamos una noche de terror, y, aun así, desayunamos en el Bar Vicente antes de irnos hacia Conil. Un segundo desayuno en Conil y a Barbate a comer. Un Calamar bueno y un Atún malo nos llevaron, por fin, a no cenar ese día.

Josa de Cadí, L’Escala y Roses.

Ya era viernes y nos tocaba coger un avión hacia los Pirineos. El sábado teníamos menú degustación.
Empezamos como nos gusta, la coliflor encurtida, las olivas y los crujientes de maíz con paté hecho en casa y pepinillo. Con su cerveza Purpur exclusiva de la casa. Seguimos con dos clásicos de la casa, la sardina con Mel i mató y el carpaccio de Manitas, gambón, habitas y queso de cabra Serrat Gros. La quesería está en el mismo pueblo, de hecho, hay 10 veces más cabras que habitantes. Poco a poco fueron llegando los Roveyons con panceta curada. El tomate con huevas de trucha y la sardina con pesto. La Picaña curada en casa. La sopa de cebolla. La terrina de pato con alcachofas. La tortilla de patata con vieiras y mahonesa de trufa. Y a todo esto tenemos que sumarle el bacalao frito con salsa verde y el pollo con gambón, brutal. Para rematar la jugada el Señor chorizo criollo tenía que hacer unas milanesas para cenar. En la sección cocinas de cocina explicaremos el truco de las milanesas argentinas.                                                                Nos encantan los Lunes al sol y ese era perfecto. Barceloneta, La Cova Fumada y La Leo. Unas bombitas de patata salsa picante y Ali-olí. Cap i pota. Guiso de rejos. Calamar a la plancha. Unas sardinitas, unos garbanzos y la esqueixada. Torradas con tomate y torradas con Ali-Oli. Súper festival. Auténtica cocina vista. Y como siempre los espirituosos en La Leo. Instrucción de la Barceloneta, con más de 80 años y casi cuarenta en su local. Pero no era el día de andar bebiendo porque partíamos hacia L’Escala para cenar en Cal Roser. Un restaurante mítico años atrás venido un poco a menos. Anchoas, por supuesto, calamar, lubina asada, todo bastante mediocre. El precio no lo fue. Eso sí, al Señor Longaniça le pusieron un Macallan 12 triple al precio de uno. Le pedimos tres más iguales, pero viendo el camarero como se le había ido la mano nos dijo que no, una pena fue lo mejor de la cena.

El mausoleo de El Bulli. Perdón, quise decir museo.

Como varios de nosotros habíamos trabajado allí, por la mañana nos acercamos al museo de El Bullí. Fue emocionante volver a Cala Motjoi. Se respiraba paz. Ahora me doy cuenta de que parecía como un lugar sagrado, un sitio de culto, un templo. ¿Acabará siendo un mausoleo? Como trabajador, incluso como cliente, se mascaba la tragedia. La energía de 60 cocineros con más presión que los remaches de un submarino, y la soberbia y el despotismo de muchos de sus clientes, en la mayoría de los casos de las peores personas del planeta, hacía que hubiera una atmósfera enraizada que había desaparecido. Lo han transformado en un remanso de paz. Debe ser como la paz que se siente en los cementerios del norte de Europa donde hubo batallas en la 1ºguerra mundial.

Cadaqués. Bañito y Compartir.

Caminito de Cadaqués y bañito antes de comer en Compartir. Que decir, la próxima vez pediré el menú impreso para describir los platos correctamente. Un coctel y unos airbags sazonados con una copita de cava para comenzar. Continuamos con una escalivada deconstruida, unas sardinas escabechadas con sus setitas y una ostra con cítricos. Otra ostra y un canuto de tartar de atún, que parecía yellow tail, con aceitunas, alcaparras y caviaroli. Con unas anchoas con falso mató vinieron unas ostras calientes y un puerro asado con romesco estilo calçots 2.1. Y todavía nos quedaba su interpretación de un bonito Club Ranero, las vieiras a la catalana con patata. El calamar relleno con sus patas en tempura. Los salmonetes con pure de suquet y las manitas a las 5 especias chinas. Un auténtico festival sin necesidad de que ten cambien los cubiertos y todos los platos cada pase. El mar lo agradece.

Acabamos donde siempre. Donosti.

Y por fin rumbo a Donostia. A casa, donde habíamos quedado con el Sr. Sobrasada y el Sr. Mortadela en el restaurante Maun, en el mercado de san Martin en Donostia. Empezamos con unas Zamburiñas y unos mejillones tom yum. Unas gyozas finísimas y un calamar espectacular. El plato fuerte era la Txuleta. Cocinada a la llama, al estilo yanki. Se intuían las llamaradas por el rabillo del ojo cada vez que abrían el Josper. De camino habíamos leído algunas reseñas y no a todos les hacía mucha gracia el hueso calcinado. La Txuleta estaba muy buena y los pimientos mejor.                      Por fin llegamos vivos al último día y, aunque parezca una locura, habíamos guardado un hueco para la última comida. La que daría nombre a la historia y a la web, Cucharazo. El Sr. Sobrasada quería cocinar para nosotros y nos había preparado un menú de esos que se hacen con el corazón. Los encurtidos y unas gildas finísimas inauguraron el show. Con el champagne apareció el puto “Cremat de anguila ahumada, foie, cebolleta y manzana caramelizada”. Plato que ya hacía en el L’Aram a finales de los 80. Hacer cuentas. Seguimos con la gelée de jamón con ravioli de... El canelón de oreja crujiente relleno de trompetas de la muerte y puré de manzana. Bajando la mirada aparecía un cuenco con unas Chantarellas y en el centro de la mesa un infiernillo con un cazo de cobre. El Sr. Longaniça se animó a servir el guiso de tripas de bacalao que caía sobre las Chantarellas. Uff, Alta cocina. La interpretación celestial del Pollastre amb Escamarlans se apareció ante nosotros en forma de carabinero de 300 gr en el plato y en otra olla de cobre con un guiso de pintada incalificable. De cosas así debe de venir lo de chuparse los dedos. No hace falta que os diga nada. Exprimimos la cabeza del carabinero en la salsa de la pintada, sacamos el cuerpo del carabinero. Y trozo de pintada, trozo de carabinero, bien de salsa y más de un minuto de autentico placer por bocado. Fijaros que la “alta cocina” actual está repleta de bocados de 10 segundos. Hablaremos en De chef a chef sobre este temita.  Y bueno, teníamos que terminar con una Txuleta y unos pimientos de locura bañados con un Alion de 17. Que afortunados somos. Que suerte poder atesorar momentos como estos. Por la tarde nos dábamos un paseo por lo viejo y no pudimos evitar comernos una brocheta de riñones de cordero y otra de gambas vinagreta. Sin hambre, por supuesto, pero con la necesidad de tomarnos el ultimo zurito nos metimos en el Izquiña donde caímos en la segunda trampa. El Sr. Fuet nos dejó pagadas unas tapas sabiendo que ya estábamos saturados.                              Fue el remate final a un viaje que empezaba con una tapa de solomillo al whisky en Sevilla y acababa en Donostia con la osadía suficiente como para pensar que teníamos que hacer esta web.

LA MATANZA DE JOSA.

Sería muy fácil quedar con los amigos un fin de semana para comer, beber y disfrutar de la compañía. Pero lo fácil no se nos da muy bien y decidimos complicar el encuentro con la más antigua de las tradiciones del ser humano, LA MATANZA. Con la osadía del que imagina y no sabe, nos emplazamos para el primer fin de semana de marzo en nuestros queridos Pirineos. Para estos casos, como sabéis, se hace otro grupo de what’s up, y a través de él era como íbamos dándole forma a un fin de semana que no olvidaremos nunca. El Sr. Llonganissa cada vez estaba más tenso porque, en realidad, el era el único que sabía de la complicación del evento. Primero teníamos qué decidir las elaboraciones que queríamos hacer para pedir las tripas adecuadas. Ciego para el Morcón, la Sobrasada y el Bull negre. El Fuet, la butifarra brasa, el chorizo criollo y la butifarra de Perol de Girona con intestino delgado. La Culana para el Bull de Lengua, la Llonganissa y el resto de los Bulls. Y el estómago de cerdo para la Girella. Después teníamos que reunir la maquinaria y material necesario para realizar la tarea. El perol. La picadora. La embutidora. Mesas de trabajo. Mantelería. Tablas de corte. Cuchillos. Barreños para género. Báscula. Marmita 60 L. Fogón de butano para la marmita. Teníamos todo, pero la magia surgió cuando un compañero de clase del padre del Sr. Llonganissa, compartían pupitre en un pueblecito de 40 habitantes a finales de los 50, nos enseñó un Perol de hierro forjado con el que su familia hacía la matanza 60 años atrás. El perol era una semi esfera que encajaba en un cono invertido. Y en la parte inferior había una oquedad por donde proporcionabas la energía en forma astillas y troncos en llamas. El Sr. Pimentón y el Sr. Llonganissa se dieron una pequeña paliza limpiando el Perol. Y por último tenías que repartir las tareas. Deshuesado y picado a mano. Picadora. Pesaje. Mondongo y mezclado. Embutido. Cocinado. Todo esto fue quedando claro, entre comillas, la noche anterior de la hora señalada. Como estábamos en casa, mientras concretábamos todos estos temas, tomábamos una sopa de pescado y marisco que preparó el Sr. Fuet con todo el amor del mundo. El Sr. Sobrasada nos deleitó con una terrina de Foie con dátiles y unas Txuletas de postre. Para esa noche el Sr. Criollo se convertía en Gaucho y nos asaba dos cabritos a la brasa con su salmuera mágica de agua, sal, ajo, laurel y limón. Cuando el Gaucho está borracho no se responsabiliza del asado, dice el dicho, y estaba borracho, ¡¡pero el cabrito estaba rebueno!! Eso fue antes de las Txuletas. Para terminar un Brie y un azul con Carquiñolis que madre mía, uff, que final. Todo esto regado con mucha sidra que trajo el Comando Donosti y mucho magnum que el Sr. Llonganissa se había encargado de que tuviéramos. Hasta mañana a las 7:30. Comenzamos bien prontito, café y a tope. En la era pusimos tres zonas de mesas de trabajo. Una para el deshuesado y el picado a mano. Otra para el pesaje y las mezclas de carne, grasa y especias, llamada mondongo. Los mondongueros serán los que mezclan con las manos los mondongos de cada barreño para darle una textura homogénea a cada elaboración. Y la tercera para embutir. En la cocina, la picadora de carne y las pre-elaboraciones. Y por supuesto, había que preparar el almuerzo para los 30 entusiastas de nuestra locura. Hígado de cerdo encebollado, huevos fritos con trufa, torrada de Ali Oli de patata, unos quesitos ricos y la piña, que no falte. Un par de Jérobam, botellas de vino de 3 litros, en porrones y hasta el final de la tarea, ese día no se come. Lo primero encender el Perol. Ahí coceremos las partes del cerdo con más ternillas, más fibrosas o más duras. Como las manitas, las orejas, la careta, la piel y recortes varios. Una vez cocido se pasará todo por la picadora se le añadirá un 30 % de recortes de carne magra y sus especias. Se embuten y se cuecen colgados de unos palos dentro del perol. Ya tenemos la Butifarra del Perol de Girona. También coceremos en el Perol la butifarra negra, el Bull negre, la Longaniza, la morcilla de arroz, la Girella y un embutido de cuello de gallina que se le ocurrió al Sr. Cor de Vedella. También hicimos Chistorra, Fuet, Chorizo criollo, Morcón y Sobrasada.

Terminamos sobre las siete de la tarde, gracias a Ramon, Mariangels y el Sr. Muntanyenc que estuvieron todo el día entre la picadora y la embutidora. Al Sr. Cor de Vedella, que hizo las recetas y organizó a 30 personas para trabajar como un equipo junto con el Sr. Javivi. Al Sr. Gavinet, que no paro en todo el día y siempre con una sonrisa que le cogía toda la cara. Al Sr. Manitas de la comarca, que se marcó una lengua mechada de tocineta ahumada envuelta en butifarra. Si no es por todos ellos y muchos más, estaríamos allí todavía. Por fin llegó la hora que estábamos esperando todos, la de la cena. Empezamos con un caldo que el Sr. Sobrasada llevaba mimando desde el día anterior. Los huesos y recortes del cerdo. Gallina, patas de pollo, huesos de vaca y de jamón. Pies de cerdo salados, que por lo visto era tradición usarlos de un año para otro. El Sagi, tocino rancio. La berza, nabos, zanahorias, puerros y jengibre para darle un poquito de frescor. Continuamos con unas Alcachofas a la brasa con ajo y tocineta curada y con unos Calçots realizados magistralmente por el Sr. Tenor. Los acompañaban un Romesco llamado SALVITJADA que era una pasada. La combinación del ahumado de los Calçots con la untuosidad y acidez, perfectamente equilibrada de la salsa te hacían cerrar los ojos y respirar por la nariz para aprovechar al máximo las bondades del bocado. Mientras tanto el Gaucho pasaba por la parrilla unos Chinchulines, unas mollejas de ternera y unos Chorizos criollos para rematar la jugada. Y como suele pasar en estos eventos, para terminar, el Sr. Xocolata nos preparó una coca rellena de nata que nos hizo estallar la cabeza. Como se puede hacer tan bien una cosa que parece tan sencilla. La nata estaba tan fría que hizo que se cruzaran nuestras miradas con los ojos tan abiertos como los bolsillos de los corruptos. El caramelizado de la coca era tan fino que parecía que llevaba yema pastelera. Y la coca era tan sutil que no te ponía límites para seguir comiendo. En pleno orgasmo de amistad y gastronomía la Sra. Remendá y la Sra. Mondonguera se arrancaron a cantar El último tango de José Alfredo Giménez. De coros, aplausos y alguna lágrima rebosaba sala. Y sin darnos tiempo a procesarlo el Sr. Tenor, que es cocinero y no cantante, y la Sra. Mondonguera, que si es una profesional de la música, nos hicieron levantar las copas al ritmo de “Libiamo ne’lieti calici, el brindis de “La Traviata”. La ovación final fue apoteósica. Tengo que reconocer que con estas cosas se me saltan las lágrimas. 

¡¡Como vas a olvidar un día como este!!

P.D. Esta era la primera ocasión en que iba a cubrir un evento para la web y estaba un poco nervioso. ¡¡No se me podía pasar nada!! Presión absurda. Al final la cague un poco. Acabé bastante decepcionado con mi material gráfico. Por suerte teníamos a la maravillosa Montse Cortijo Sardá que nos regaló un extenso repertorio de momentos mágicos plasmados con su tlf.

Gracias Montse.

Disfrutar, el mejor del mundo!

Primer restaurante del mundo según el Fifty best. La evolución natural de lo que fue El Bulli. Claro que Oriol Castro era el I+D del restaurante de Cala Montjoi.

EN CONSTRUCCIÓN….

Ca l'Enric con menú de Becada.

Un menú degustación con becada…

EN CONSTRUCCIÓN…

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