
En la mente del cocinero.
La creación de un plato, la confección de un menú degustación o solo la acción de cocinar, no trata solamente en transformar unas materias primas mediante tiempo y temperatura, hay mucho más detrás.

La mente del cocinero es el infierno!
Puntualidad, limpieza, rapidez, resiliencia, curiosidad, compañerismo, perfección. Productos, texturas, temperaturas. Mar, tierra y aire. Técnicas, maquinaria, medios, personal. Colores, estructuras, estabilidad y sabor. Aire, nube, esponja, espuma. Esferificación, gelificación, merengue seco, impregnación. Baja temperatura, nitrógeno líquido y un 55/5. Influencias Chinas, Japonesas, Vietnamitas, Mejicanas y Peruanas. Tailandesa, Argentina, Francesa e Italiana. Turcas, Griegas, Libanesas y Marroquíes.
En fin, IN-FI-NI-TAS posibilidades y combinaciones para hacer una mierda. Todas esas variables convierten la Cocina en un mundo tan amplio que requiere la totalidad de tu tiempo para alcanzar la máxima expresión de lo que eres capaz de hacer. Además, es muy rápido. Sales de la escuela de cocina con 18. Te inflas a hacer stages en los mejores restaurantes. Y montas tu primer restaurante de 30 sillas a los 27 años. Ya lo estás dando todo, pero como a la gente le gusta y empiezan a venir “gente de hostelería”, además tienes que evolucionar. Con lo que eso supone, tiempo, tiempo y tiempo.
Tiempo que no pasas con la gente que quieres. Tiempo que no tienes para descansar. Tiempo que no te dedicas a ti mismo, ni a aprender nada que no sea cocina. Ni a tu salud física ni mental. Nada de deporte, de cine, de teatro. Conciertos, museos. Nada de conversaciones de verdad, solo relaciones de mentira con los clientes.
CONTINUARÁ…